¿Sigue siendo relevante el Manifiesto Ágil?

En medio de la revolución tecnológica, nos preguntamos si el Manifiesto Ágil debería seguir siendo nuestra guía a medida que ingresamos en un mundo definido por la innovación continua. Este breve pero revolucionario documento nos permitió pasar del envío de productos como si fueran mercancías en barcos a la entrega en el mismo día mediante un dron. Pero hoy somos menos pioneros y más exploradores en los mares de la mejora continua, lo que nos hace preguntarnos si es hora de mejorar el Manifiesto también.

A principios de 2001, con el telón de fondo de las Montañas Wasatch en Snowbird, Utah, 17 personas se reunieron para discutir el futuro del desarrollo de software. Los miembros de la banda compartieron su frustración con el estado actual de las cosas, aunque no estaban de acuerdo sobre cómo solucionar la situación.

El problema, acordaron, era que las empresas estaban tan concentradas en planificar y documentar en exceso sus ciclos de desarrollo de software que perdieron de vista lo que realmente importaba: complacer a sus clientes.

Las empresas pueden haber promocionado valores corporativos como la «excelencia» y la «integridad», pero estos valores difícilmente han guiado a las personas, especialmente a los desarrolladores de software, por un mejor camino. Esto tenía que cambiar. Muchos de los Snowbird 17 ya tenían ideas sobre cómo marcar el comienzo de la nueva era del desarrollo de software. El viaje a las montañas fue su oportunidad de valerse por sí mismos.

El Manifiesto Ágil surgió de ese largo fin de semana en solo 68 palabras, y el breve y dulce documento cambió el desarrollo de software para siempre. En las casi dos décadas desde su creación, estas palabras (y los 12 principios que siguen) han sido adoptadas (en diversos grados) por innumerables personas, equipos y empresas.

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